· 16 May 2019 ·

El Edén sigue existiendo… y queda en Cholila

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El seudónimo que tenía Cassidy en Estados Unidos era ‘Butch’ (carnicero), por eso hay que pronunciarlo así y no darle otra fonética en inglés”, corrige el director de Turismo de Cholila, Darío Calfunao, en el ingreso de la cabaña que la célebre banda de pistoleros norteamericanos ocupó a principios del siglo XX, a orillas del río Blanco.

Un grupo de motoqueros acaba de hacer el recorrido. “Fue impactante ver la cabaña que alojó a la gavilla que asaltó bancos y trenes e imaginar por un rato que yo mismo soy parte de un western con rifle, caballo y sombrero del oeste”, grafica Carlos Matamala, un chileno fascinado por “esta tierra de leyendas, campesina e inolvidable”.

A pocos metros, los visitantes piden café, empanadas de cordero patagónico y cervezas artesanales en el bar y museo “La Legal”, donde sus propietarias les muestran fotos y cuentan buena parte de la historia de los famosos bandoleros. Además, recorren las estanterías repletas de elementos de época, recreando lo que fue el viejo almacén de ramos generales de la familia Daher.

Pero las sorpresas no terminan allí. De pronto, afuera del centenario boliche, dos mujeres con sombrero hacen su aparición montadas en un sulky tirado por un overo granizado que despierta la curiosidad de los turistas. Una de las damas muestra un “revólver” y amenaza con llevarse “las pertenencias de los parroquianos”… todos terminan riéndose de la ocurrencia y las fotos se repiten.

“Restauramos el antiguo sulky que usaba Chichín Bonansea y lo ofrecemos para hacer paseos por los caminitos rurales de El Blanco y pasamos por la cabaña de Butch Cassidy y La Legal. También vamos hasta el lago Lezana y hasta El Rincón por las viejas sendas de los arrieros. Nosotros nos divertimos tanto como los turistas y quedan anécdotas inolvidables”, detalla Rossana Bernardi, quien junto a sus hijos también ofrece cabalgatas por los campos donde las vacas pastan mansamente y el tiempo parece detenido. (Todos los días, de 10 a 19. Fono contacto: 2945 557969).

“Al bajar a estos valles, es increíble el marco natural de las montañas y los lagos, es como meterse en aquellas series de Bonanza y perderse en el tiempo, pero les aseguro que esto es mucho más lindo. Donde te parás, es una postal”, asevera Calfunao, “nacido, criado y enamorado” de su pueblo.

“La historia de los pioneros formó la identidad e idiosincrasia de nuestra gente y es uno de los iconos que valoran quienes nos visitan”, agrega en referencia a que Cholila se transformó luego de la “Conquista del desierto” en el destino de inmigrantes chilenos, italianos, norteamericanos, españoles, suizos y sirio libaneses, familias dedicadas a la cría del ganado vacuno que le ha dado el prestigio de ofrecer “la mejor carne del mundo”.

El pasado de los colonos quedó impregnado en los almacenes de ramos generales; el molino harinero de la familia Cea; la Escuela 17 del maestro Calderón; la vieja cervecería Anzó; la población de los alemanes en el lago Mosquito y la cabaña de los legendarios Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place, quienes al llegar denominaron al lugar con el romántico nombre de “Flores amarillas”.

No obstante, la zona fue la residencia habitual de la tribu de los chulilasken (de parentesco tehuelche –“Chuwach A kuna”–), como lo testimonian las pinturas rupestres del cerro Pintado, con una antigüedad superior a los 3.500 años.

Cerros, lagos y ríos

El cerro Dos Picos (2.600 m), “es el más alto de la provincia del Chubut”, recuerda Calfunao, al tiempo que remarca “la belleza y singularidad del cerro Tres Picos (2.500 m), hasta donde hay excursiones de trekking de uno o varios días”, ofrecidas por guías locales.

“Haciendo base en Cholila, los visitantes pueden disfrutar tranquilamente durante cuatro o cinco días de nuestros atractivos y jamás se van a aburrir. Nos estamos posicionando como un destino del turismo aventura, tenemos mucho potencial para ofrecer”, valora Javier Hawkes, quien además fabrica la cerveza artesanal Hawk Beer, en sus variedades Irish Red, IPA, Porter, ALT, Stout, Trigo y Belgian (premium).

Cholila es la puerta norte del Parque Nacional Los Alerces y aquí también se puede hacer mountain bike, cabalgatas, remo o stand up paddle. De igual modo, “tenemos un collar espectacular de espejos lacustres y ríos, que permiten todo tipo de actividades náuticas”, en referencia a los lagos Rivadavia, Mosquito, Lezana y Cholila, ideales para la pesca o para un día de esparcimiento veraniego.

Según los expertos, el río Carrileufu es “el más hermoso, con todas las alternativas para los amantes de la pesca deportiva”. Nace en el lago Cholila y pronto se junta con el arroyo Pedregoso, siguiendo su recorrido hasta desembocar en el lago Rivadavia. Sus aguas cristalinas ofrecen múltiples oportunidades para fly fishing.

En la Villa Lago Rivadavia impacta el color turquesa del río Carrileufu, mezclado con los tonos canela de los primeros arrayanes, con profundidades increíbles por donde deambulan tranquilas las truchas arco iris, marrones y fontinalis. “Esto es el paraíso de la pesca con mosca”, destaca una pareja de australianos, caña en mano, en una flotada contratada a un guía local. En el paraje hay varios lodges que garantizan “buen nivel, tranquilidad y pique asegurado”.

Aguas arriba, el lago Cholila destaca por la alternativa “de ser un ambiente privilegiado hasta donde migraron los codiciados salmones encerrados”, principalmente en la desembocadura del río Tigre.

Butch Cassidy, vecino de Cholila

En el paraje El Blanco todavía está en pie la cabaña construida en 1901 por los famosos pistoleros norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid, miembros de la renombrada Wild Bunch (banda salvaje) que asaltó trenes, bancos y comercios en Estados Unidos.

“Al trío seguramente les resultó atractiva la similitud del Lejano Oeste norteamericano con el Lejano Sur argentino, un territorio de pioneros, donde el brazo de la ley aún no había llegado. Tomaron el ferrocarril del Sud hasta Cipolletti y desde allí siguieron camino a caballo. Al llegar a Cholila los sorprendió la hermosura de este valle cordillerano, con pasturas que llegaban hasta las rodillas y excelente agua fresca proveniente de los lagos y ríos que nacen en las montañas cercanas”, reconstruyó el historiador local Raúl Cea.

Aquí se convirtieron en honrados ganaderos y buenos vecinos… hasta su precipitada huida en 1905, cuando los principales diarios de Buenos Aires publicaron su foto en policiales, como posibles autores del asalto al Banco Nación de Villa Mercedes, San Luis.

Diario Jornada

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